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July 17, 2008

transacción (y 2)

guardado en: cine

(escuchando blur, the best of blur)

ya sé que hoy no es viernes, pero se hacen necesarios cinco días para desaparecer para que los engranajes continúen funcionando. y no podíamos dejar una conversación a medias.

Anton Chigurh: cuánto es lo máximo que ha perdido a cara o cruz?
propietario de la gasolinera: señor?
Anton Chigurh: lo máximo que ha perdido a cara o cruz.
propietario de la gasolinera: no lo sé. no podría decírselo.
Anton Chigurh (lanza una moneda al aire y, al caer, cubre el resultado con la mano): elija.
propietario de la gasolinera: qué elija? para qué?
Anton Chigurh: sólo elija.
propietario de la gasolinera: bueno, necesito saber para qué elijo.
Anton Chigurh: tiene que elegir. no puedo elegir por usted.
propietario de la gasolinera: no me he jugado nada.
Anton Chigurh: sí que lo ha hecho. lleva jugándoselo toda su vida, sólo que no lo sabía. sabe de qué año es esta moneda?
propietario de la gasolinera: no.
Anton Chigurh: 1958. ha viajado veintidós años para llegar aquí. y ahora está aquí. y es cara o cruz. tiene que elegir.
propietario de la gasolinera: mire, tengo que saber qué podría ganar.
Anton Chigurh: todo.
propietario de la gasolinera: cómo dice?
Anton Chigurh: podría ganarlo todo. elija.
propietario de la gasolinera: muy bien. pues cara.
Anton Chigurh (levanta la mano y mira la moneda. es cara): muy bien. no se la meta en el bolsillo, señor. no se la meta en el bolsillo, es su moneda de la suerte.
propietario de la gasolinera: y dónde la guardo?
Anton Chigurh: en cualquier sitio menos en su bolsillo. se mezclaría con las otras y sería una moneda más.
propietario de la gasolinera: …
Anton Chigurh: que es lo que es.

Javier Bardem & Gene Jones, no es país para viejos.

July 16, 2008

despertar

guardado en: por la calle

(escuchando Duffy, rockferry. esto de vivir en un planeta lejano hace que te pierdas discos como este)

sale del vagón del tren y busca las escaleras mecánicas. están abarrotadas, así que decide subir por las tradicionales. a través de la bocana de la estación entra la luz de la calle. una vez arriba, la gente camina, corre, se desliza, en todas direcciones. parado en el semáforo, mueve el pie derecho al ritmo de la rapsodia en azul de Gershwin. verde. al cruzar junto a decenas de personas, se acuerda del Manhatan de Woody Allen. y mira hacia arriba. la estatua del rey conquistador reluce con el sol, limpia de los excrementos de las palomas que ya le habían dado un color blanquecino, rodeada de ramas de los árboles. los helados italianos le trasladan al instituto, cuando en la plaza había una señora alemana, una de las pocas, que vendía palomitas en un chiringuito, y no podía evitarlo, era superior a sus fuerzas, no podía evitarlo. la calle peatonal parece un paisaje después de la batalla. operarios del ayuntamiento riegan los adoquines y amontonan las colillas y los papeles en las esquinas, donde un hombre con una pala lo hace desaparecer en el fondo de una bolsa. los bares montan sus mesas y los quioscos terminan de colocar revistas y periódicos. atravesar las Ramblas es siempre un placer de olores y piedra romana. por los callejones paralelos a Sant Jaume, contempla los edificios añejos, algunos con carteles de restauración, otros, con andamios y albañiles de enormes barrigas cerveceras que contemplan con un cigarrillo en la boca como los inmigrantes preparan el cemento. la calle de Cavalleria huele a pan y a ensaimada. el horno de la esquina tiene su portalón trasero abierto. en el interior, un calor insoportable a estas horas de la mañana, le recuerda a los panaderos que será un día duro. buenos días, saluda. buenos días, le contestan sin demasiada pasión. pero él lo sigue intentando. es un placer recorrer esta calle, el olor te transporta y te ayuda a creer en que puede ser un gran día, añade. el hombre de cara enharinada sonríe y se levanta un poco el gorro blanco. gracias. de nada. buenos días, responde mientras retoma la marcha. buenos días, responden al unísono el panadero y su ayudante. ahora sí. la calle más comercial de la ciudad todavía duerme profundamente. aún faltan más de dos horas para que sus arcos empiecen a desperezarse y las bocas de los comercios bostecen y se maquillen de nuevo con los carteles de rebajas y descuentos. son edificios altos, coronados por jardines áticos que incitan a la envidia de quienes se entretienen en levantar la cabeza más allá de los escaparates. cruza el torrent de sa Riera, medio seco, agonizando, desertizándose al vapor. y llega a los molinos, gigantes antiguos que trabajaban para el payés y que ahora se han convertido en meros reclamos estéticos para locales nocturnos o franquicias de pizza congelada. abre la puerta, desconecta la alarma, pulsa en botón de encendido. buenos días.

para él, aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro que latía a los acordes de las melodías de George Gershin. Woody Allen, Manhattan

July 15, 2008

telefónica (volvemos a la guerra)

guardado en: mundo grúa

(escuchando me fisrt and the gimmie gimmies, songs from the tera. porque, a veces, el happy hardcore es necesario para continuar)

telefónica: buenas tardes, le atiende María de las Mercedes Chorlito. en qué puedo ayudarle?
cliente: buenas tardes. mire, nos han cortado la línea de teléfono y me gustaría saber el porqué.
telefónica: muy bien, me puede decir su nombre y su dni, por favor?
cliente: si claro, soy el señor Rosa y mi dni es el 34 (y seis números más).
telefónica: muchas gracias, señor Rosa. un momento, que compruebo que ha ocurrido.
cliente: vale.
(hilo musical)
telefónica: señor Rosa?
cliente: dígame.
telefónica: perdone la espera. mire, lo que ha ocurrido es que el banco ha devuelto la última factura.
cliente: cómo que el banco le ha devuelto la factura.
telefónica: sí, señor.
cliente: y eso cómo es posible. yo no he dado ninguna orden de devolver nada.
telefónica: pues ha ocurrido. si quiere, podemos comprobar el número de cuenta.
cliente: bueno.
telefónica: aquí consta como entidad la XX, como oficina, la número XXXX, de Burgos…
cliente: un momento, ese no es mi banco. yo no tengo cuenta en el TimusBank, mi cuenta está en la caja Sacalapasta. además, en una sucursal de Burgos? señorita, para qué quiero yo una cuenta en una sucursal de Burgos?
telefónica: disculpe?
cliente: que mi cuenta está en la caja Sacalapasta. y yo vivo en Mallorca.
telefónica: bueno, pues corrijamos el número de cuenta.
cliente: un momento, señorita, antes me gustaría saber cómo puede ocurrir una cosa así. porque a mí ya me han cobrado facturas mi cuenta. cómo se puede cambiar un número de cuenta sin que yo dé la orden? además, a un número que ya existe.
telefónica: no lo sé. debe haber sido un fallo informático.
cliente: un fallo informático?
telefónica: exactamente.
cliente: me está diciendo que un fallo informático puede cambiar un número de cuenta de mis datos personales sin que yo haya dado ninguna orden?
telefónica: …
cliente: estoy flipando. bueno, más que flipar, lo que estoy es muerto de miedo. alguien, no se sabe muy bien cómo, ha entrado en mis datos personales y ha decidido, por alguna razón, que debían cambiarme el número de cuenta al de alguien que existe, que está en otro banco y en otra ciudad. esto es peor que el gran hermano.
telefónica: el gran hermano?
cliente: sí, señorita. conoce usted a Aldous Huxley?… bueno, da igual, déjelo. vamos a calmarnos.
telefónica: podemos corregir el número de cuenta?
cliente: sí, corríjalo. es el XX-XXXX-XX-XXXXXXXXXXXX
telefónica: muy bien, se lo repito. XX-XXXX-XX-XXXXXXXXXXXX
cliente: perfecto.
telefónica: muy bien, desea alguna cosa más?
cliente: sí. supongo que ahora ya tendremos teléfono otra vez.
telefónica: bueno, el proceso tarda veinticuatro horas, y la activación de la línea cuesta treinta euros?
cliente: qué? me está diciendo que ustedes me han cortado la línea porque ha fallado su sistema y misteriosamente se han cambiado mis datos personales, que se supone que son confidenciales, que van a tardar veinticuatro horas en volverme a poner línea y que, encima, me van a cobrar treinta euros?
telefónica: bueno…
cliente: oiga, pero esto qué es? un timo? me está tomando el pelo?
telefónica: no, señor Rosa. mire, lo que puedo hacer es no cobrarle la activación del sistema.
cliente: eso es lo mínimo que puede hacer.
telefónica: muy bien. ya está. le puedo ayudar en algo más?
cliente: sí. me gustaría saber cómo ha podido suceder una cosa así.
telefónica: yo lo único que puedo decirle es que ha sido un fallo informático.
cliente: muy bien (respiro, respiro). y quién me puede decir algo más?
telefónica: lo siento, pero aquí no hay nadie que le pueda informar.
cliente: bueno, pues deme un teléfono en el que pueda encontrar a alguien que me informe.
telefónica: no hay ninguno.
cliente: una compañía de teléfonos que no tiene números de teléfono de información? esto es alucinante.
telefónica: si lo desea, puede enviar un correo electrónico a telefonicaonline.com
cliente: claro, y que se tiren dos meses para contestarme y decirme lo mismo que me ha dicho usted?
telefónica: lo siento, no puedo darle más información.
cliente: no se preocupe, en cuanto cuelgue, me pondré a gritar y se me pasará.
telefónica: perdón?
cliente: nada, nada.
telefónica: desea alguna cosa más?
cliente: sí, pero seguro que usted no me podrá ayudar. así que no, gracias.
telefónica: muy bien, muchas gracias por confiar en telefónica. no cuelgue y le harán una encuesta para valorar mi atención.
cliente: vale, gracias.
telefónica: buenos días.
cliente: buenos días.
contestador de telefónica: buenos días. a continuación le haremos una serie de preguntas para valorar la atención de nuestros teleoperadores. le han ofrecido alguna solución a su problema? si es que sí, pulse uno, en caso contrario, pulse 2.
cliente: a la mierda.

tengo el placer de regalárselo a usted por muy poco dinero. Groucho Marx, el conflicto de los hermanos Marx.

July 11, 2008

mala digestión

guardado en: cardiología, cine

(escuchando Sleater Kinner - the woods, the woods)

hoy estamos un poco espesos, así que es busquemos una cosa ligera.

Val: Dios mío! no veo nada. no… no puedo ver.
Al: qué dices? qué has comido?
Val: qué? qué más da lo que haya comido? uno no se queda ciego por un plato de tofu.
Al: nunca había visto nada igual.
Val: yo… yo sí. te acuerdas del actor Harry Gail?
Al: sí.
Val: perdió la vista de repente.
Al: y por qué?
Val: por un pomelo.
Al: por un pomelo?
Val: sí. tenía un tumor del tamaño de un pomelo en el cerebro.
Al: y se quedó ciego?
Val: sí, se quedó ciego y, unos meses después, se quedó muerto.

Woody Allen & Mark Rydell, un final made in Hollywood

July 10, 2008

estación

guardado en: historias

(escuchando Jamie Cullum, catching tales)

se quedó en la estación, sentado, leyendo un libro de cuentos japoneses, con la espalda apoyada contra el pequeño edificio. era una construcción austera, no muy grande, forrada de piedra. desde fuera, parecía abandonada. pero allí dentro, tras el pequeño cristal de la ventanilla había un hombre que daba información y vendía billetes. su aspecto contrastaba con el de la nueva línea, recién rediseñada con una imagen corporativa muy moderna. el hombre tenía el pelo blanco y las manos arrugadas. llevaba un bigote gris a la antigua usanza, frondoso, de esos que, a ambos lados, se curvan un poco hacia arriba. cuando empezó a dejárselo, su madre le preguntó por qué te dejas bigote, te tapa la cara, y tú eres un chico muy guapo. no me tapa la cara, me subraya la nariz, contestó. siempre había tenido mucho sentido del humor. le hubiera gustado ser pianista de jazz, pero se quedó en vendedor de billetes de una estación que ahora iba a ser demolida para construir un nuevo edificio de cristal y metracrilato. metacrilato? qué coño es el metacrilato?, se había preguntado con los ojos muy abiertos cuando le llegó la circular informativa del servicio de trenes. ahora, cinco meses más tarde, a un día de la demolición, seguía sin saberlo. pero le daba igual. llamó al chico del libro con unos golpecitos contra el cristal, desde dentro. oye. el chico levantó la cabeza y miró a derecha e izquierda. no vio a nadie y volvió a meter la nariz entre las páginas de su libro. el taquillero volvió a llamar. ei. el chico buscó el sonido con la mirada. es a mí? sí, es a tí. ven aquí. el chico se levantó y se acercó a la taquilla. mira, mañana por la mañana este edificio va a ser demolido para construir una estación más moderna, y a mí me echarán a la calle. pondrán a alguna chica joven que atraiga más clientes como tú. peor no me molesta. estoy cansado de vender billetes. lo que quiero hacer es viajar. así que necesito que me hagas un favor. necesito que pagues el importe del billete por mí. es la única forma que tengo de salir de aquí. no me voy a poder desprender nunca de este trabajo si nadie paga por mi libertad. el chico le miró con incredulidad. se hizo el silencio unos segundos. bueno, qué? me vas a ayudar? el chico sacó un euro de su bolsillo y lo puso sobre el mostrador. el hombre le sonrió. gracias. luego, muy despacio, pulsó varias teclas del ordenador y, del expendedor, salió un billete. muchas gracias.

me doy cuenta que estoy tan emocionado que apenas puedo quedarme quieto y pensar claramente. creo que es la clase de emoción que sólo puede sentir un hombre libre, un hombre libre que comienza un largo viaje de final incierto. espero cruzar la frontera, espero ver a mi amigo y darle un abrazo, y que el pacífico sea tan azul como siempre he soñado. y espero nunca más perder la esperanza. Morgan Freeman, cadena perpetua.

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