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May 31, 2006

diez kilómetros

guardado en: mundo grúa

(escuchando Harry Connick jr, when Harry met Sally)

había que lucir bien, así que se pusieron sus mejores galas. traje, corbata y mucha gomina ellos, y traje chaqueta y mucho rímel ellas, y se colocaron para la foto. con la sonrisa inequívoca del trabajo bien hecho, inauguraron diez kilómetros más de autopista. la antigua carretera de dos carriles y once metros de ancho ha quedado transformada en dos vías de acceso a las fincas que quedan en pie. una vía a cada lado de una nueva calzadauna que mide treinta y cuatro metros de ancho. veintitrés más que hace dos años que empezaron las obras. y eso durante diez kilómetros. más los veinticinco que ya había. más los doce que quedan. qué rápido todo. cuánta autopista. metros y metros de asfalto con esculturas en las rotondas situadas al final de cada salida y muchos puentes y más puentes y más esculturas. o restos, porque también ponen restos a modo de homenaje. como las columnas del hostal can Tix, un edificio histórico que quedó reducido a escombros sin pasar por la casilla de salida, y del que han decidido guardar su memoria en forma de ruinas. qué detalle. lo mejor, el precio. total, impuestos incluidos, cuarenta y nueve millones seiscientos dieciséis mil ochenta y cinco euros de nada. por diez kilómetros. para ellos, directamente y por consenso popular, el treinta por ciento. para los que tenían el huerto, el hostal, la casa de campo, su hogar, el porche en el que pasar las horas, el safreig en el que bañarse en verano, seis euros por metro cuadrado, o sesenta si había paredes. y la memoria de que, justo en ese trozo de asfalto, ahí, en la tercera raya después del anuncio de la ciudad de los zapatos, había un limonero, dos naranjos y un melocotonero que daban la mejor fruta de la zona. porque no pudieron decir, ni protestar. bueno, protestar sí, pero nada más. porque había que decidirse muy rápido, que el día de la inauguración tenía que coincidir con el nombramiento del jefe como candidato a cuatro años más de Dios. y luego, se tomaron unos vinitos en una de esas fincas en las que un grupo de actores ha organizado un espectáculo para que los guiris vean cómo eran los oficios del campo y cómo se vivía no hace tantos años, antes de las autopistas. y luego inauguran una exposición de fotos sobre la cocina mallorquina, que recoge el proceso desde la siembra de productos, hasta el plato humeante en la mesa. qué fotos más buenas. y la comida? no digas nada, que ya me está entrando hambre. si es que no hay nada como ir al mercado a comprar productos frescos del día, verdad? en fin.

los libros son para los pobres que no tienen dinero para ir al cine. Manuel Sanabria, la fiesta.

May 30, 2006

baches

guardado en: historias

(escuchando Jack Johnson, in between dreams)

la habían despertado cuando sólo hacía un par de horas que se había quedado dormida. y la habían metido en un camión junto con las demás. no sabía exactamente dónde iban, pero había oído historias. como las que decían que las obligaban a trabajar a marchas forzadas, de días y de noche y, si no lo hacían, sufrían las consecuencias en su propia carne. de hecho, sufrían un momento, porque luego dejaban de hacerlo. sabía que podía ser sólo un rumor, pero ya lo dicen, no? cuando el río suena es que agua lleva. sabía, por una amiga a la que le habían contado que una de sus líderes, la más carismática, había conseguido escapar de allí, y que nunca había vuelto a ser la misma. que ahora vivía encerrada en sí misma, completamente muda. la verdad es que estaba aterrada. en el camión, se empujaban las unas a las otras, balanceándose de lado a lado, cuando el conductor, para evitar que los amortiguadores sufrieran, esquivaba los baches de la carretera en obras por la que circulaban. un coche les iluminó los ojos al pasar a su lado. sus ocupantes parecían felices, libres de ir a cualquier lugar, contentos de poder decidir qué rumbo darle a sus vidas. a ella se le llenaron los ojos de lágrimas. dónde vamos? dónde vamos? qué van a hacernos?, se preguntaban sus compañeras de viaje. no lo sé, pero no creo que tardemos en averiguarlo, dijo ella. no importa, sea dónde sea, no saldremos vivas de allí, añadió la más vieja. ninguna saldremos vivas de allí. aquella afirmación sonó dramáticamente cierta. y se hizo el silencio. al llegar a su destino, el camión se puso en la báscula. es duro ser gallina ponedora, pensó al ver a los humanos hablando entre ellos.

yo soy un tiburón cortés. no una máquina cruel de devorar. si esta rancia imagen deseo cambiar, debo cambiar yo de una vez. los peces son amigos, no comida. Barry Humphries, buscando a Nemo.

May 29, 2006

tarde

guardado en: historias

(escuchando Keb’Mo, the door)

había llegado un poco antes por aquello de que en las primeras citas siempre es mejor llegar antes, pero sin pensar que él pudiera llegar tan tarde. había elegido ropa elegante pero sin pasarse, discreta pero no demasiado y sexy pero sin exageraciones, porque quería dar la imagen exacta de quién era. no quería que se llevara impresiones equivocadas, ni que pensara que iba ni muy en serio ni muy en broma. se había duchado y peinado despacio. se había vestido con cuidado, para no arrugar nada. y había salido con tiempo de casa. había llegado diez minutos antes de lo previsto. perfecto, pensó. y se dispuso a esperar. sacó un el lápiz del carpintero de Manuel Rivas del bolso y se sentó a leer en un portal. no había recorrido diez líneas cuando una gota le cayó sobre las hojas. se levantó, sacudió el libro para que las palabras no se le ahogaran e intentó esconderse en el portal. miró el reloj. era en punto. tenía que llegar ahora. las gotas comenzaron a oscurecer los colores de las cosas y la calle se convirtió en un pequeño río. escondió el libro de nuevo en el bolso y miró hacia la calle, pegada contra la puerta, intentando no mojarse demasiado. la gente corría, huyendo de lo que parecía el diluvio universal. hacia diez minutos que el sol se estaba escondiendo tímido tras la sierra norte, pero ahora la tarde se había transformado en una tormenta que comenzaba a asustar a más de uno. pegada a la puerta, bajo la lluvia, calada hasta los huesos, continuó esperando. media hora más. hasta que el hombre que abre el grifo en las nubes decidió que ya se había divertido bastante. y entonces llegó él. hola, preciosa. lo siento, estaba con unos amigos tomando unas cañas y me enredé. hace mucho que esperas? te has mojado mucho? no tuvo tiempo de oir la respuesta. el sonido de una bofetada tremenda se lo impidió.

Holmes: algún día volveremos a reunirnos… en un mundo mucho mejor.
Elizabeth: y llegarás tarde, como siempre.

Sophie Ward & Nicholas Rowe, el secreto de la pirámide.

May 26, 2006

delfines

guardado en: cine

(escuchando suolive, soulive)

por ejemplo, en el planeta tierra, los hombres siempre habían asumido que eran más inteligentes que los delfines por haber conseguido tanto -la rueda, Nueva York, las guerras y todo eso-, mientras que todo lo que los delfines habían hecho jamás era retozar en el agua pasándoselo estupendamente. pero, al mismo tiempo, los delfines siempre habían creído ser mucho más inteligentes que los hombres precisamente por las mismas razones.

Douglas Adams, la guía del autoestopista galáctico.

May 25, 2006

ángel

guardado en: cardiología

(escuchando bulevar, radio 3)

a veces, y sólo a veces, las buenas noticias llegan de la voz de quien menos te lo esperas.
qué bueno es que el señor de blanco del que tanto has temido las peores noticias te diga que está todo bien, que no hay nada por lo que preocuparse y que las cosas que parecían son sólo cosas con un parecido razonable, pero que no tienen nada de misterioso. luego, parece que sale el sol y no puedes evitar subir un poco los pómulos y notar como los ojos se te cierran un poco y los labios se te curvan. no puedes evitarlo. es como si ese ángel de la guarda que todos tenemos y del que casi nunca sabemos nada, hoy, hubiera decidido, por fin, dar señales de vida. qué bueno.

no sé si me conviene que me vean andar por ahí con un ángel sin alas. James Steward, qué bello es vivir.

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