(escuchando jazzhole, blackburst)
dicen que hay que hacer tres cosas antes de morir.
el abuelo, hace años, cuando no levantaba más de un metro del suelo (sus conocidos dirán con una mueca socarrona que nunca llegó a levantar mucho más), le enseñó cómo hacerlo. y, entre los dos, plantaron un cerezo entre los naranjos. no recordaba muchos detalles del proceso, ni de cómo dieron cada uno de los pasos, ni siquiera si el cerezo que está ahí es el mismo o es distinto, pero si se acuerda de algunas cosas. como la navaja de punta cuadrada y mango color crema que el abuelo siempre llevaba en el bolsillo, el cuello de su camisa visto desde arriba mientras introducía las raíces en el agujero que acababan de hacer, el olor de la tierra mojada después de regarla, el corte de la cuerda que sujetaba las ramas. y poco más. ah, sí, y la satisfacción de haber aprendido algo más del abuelo. algo importante.
en los cajones debe haber unos cinco o seis principios de historias. pero sólo principios. a veces, es sólo una página con mucha forma y poco fondo. otras, cinco folios con mucho fondo pero poca forma, y las más, un montón de palabras desordenadas que no significan nada. y siempre se quedan ahí, en esos inicios de algo que parece que va a ser, pero que, desde la primera palabra, ya sabes que no es. y en disquettes, también hay muchos en disquettes que luego nunca encuentro. hasta que un día le regalaron un libro en blanco. para que lo llenara con la mejor de las historias. y lo dedicara. pero antes de eso, hay que dibujar un par de principios más. hasta que llegue la buena. esa que, justo al poner el bolígrafo sobre el papel, sabes que es la buena.
supongo que debe ser cosa de la primavera. o de las hormonas, que, en cuanto llega el verano, se se dejan guiar por el subconsciente y parece que se ponen de acuerdo para desearse mútuamente. o puede que sea sólo la cosa esa que llaman amor. o que uno crece y lo que quiere es fundar una familia y tener muchos peluts y quererlos mucho. lo dicho personalmente, la más sincera de las enhorabuenas a todos los premiados. a todos esos que lo han sido hace poco y a los que lo serán dentro de nueve u ocho o siete meses. a la sonrisa de Candela, a los balbuceos de Daniel, a las parrafadas de Adrián, a los sueños felices de Adirà, y a Patri y Dioni, a Pepe y Elia, y a Yolanda y Rafa. yupi.
Matt: estoy convencido de que no tienen ninguna probabilidad de se felices! ni en este país ni en este cochino mundo!
monseñor Ryan: ellos son este país y cambiarán este cochino mundo.
Spencer Tracy & Cecil Kellaway, adivina quién viene a cenar esta noche.