(escuchando Belle and Sebastian, dear catastrophe waitress)
en Menorca, cuentan una leyenda.
eran otros tiempos. los hombres viajaban sin necesidad de papeles, ni de permisos. decidían un lugar, viajaban hasta él, se instalaban y entraban formar parte, con mayor o menor éxito, del entramado social de la zona. Xoroi llegó por mar, aunque nadie sabe exactamente cómo. puede que fuera en el único superviviente de un naufragio frente a las costas de cala en Porter, una pequeña calita que, por aquel entonces, todavía formaba parte de la propiedad del inglés que le daba nombre. o puede que llegara en su propia barca, que dejó escondida entre las rocas. en realidad, poco importa. en tierra, buscó un lugar en el que refugiarse del invierno que estaba por llegar. pasó varios días escondiéndose de los habitantes del pueblo, porque, si algo tenía Xoroi era, según los que llegaron a conocerle, su forma de pasar desapercibido. necesitaba estar solo y pensar en organizarse. tenía que alimentarse y buscarse una opupación. se instaló en una cueva escarbada por el mar en los acantilados y comenzó su rutina. los habitantes de la zona sabían que existía alguien que había llegado de lejos, pero nadie le había visto más que de lejos. el náufrago fantasma, le llamaban. durante aquellos años, el pillaje era común en los alrededores, así que cuando desapareció una de las doncellas de uno de los mercaderes más ricos de la isla, nadie se extrañó. se organizaron batidas en su búsqueda. muchos culpaban al náufrago fantasma que caminaba entre los arbustos, pero nadie consiguió encontrarla, ni a ella ni a su captor. pasaron los años y, una noche de invierno, cayó una inmensa nevada que lo cubrió todo de un blanco inmaculado. las huellas de alguien que había salido a cazar cerca de los acantilados llevaron a un joven pastor a divisar la cueva. como pudo, bajó hasta el agujero, y, desde la entrada, les vio. he encontrado al fantasma, dijo excitadísimo desde la puerta de la taberna, a los que estaban en su interior. él secuestró a la hija del mercader. un grupo de hombres, capitaneados por el mercader, cargaron sus armas y fueron en su busca. en la cueva, un hombre con su mujer y sus tres hijos estaban termiando de comer. prendedle, gritó el padre de la doncella. Xoroi, a verse a punto de morir, se dio cuenta de que ese era el final. su cuerpo rebotó contra las rocas y, finalmente, cayó al mar. su hijo mayor, sabiendo que correría el mismo destino, decidió seguirle. su mujer volvió al pueblo y, dicen los que la conocieron, que volvió a casarse con el hijo de otro mercader y tuvo descendencia. pero la gente habla mucho.
Moriré aquí, cada centímetro de mi perecerá. Cada centímetro… menos uno. Un centímetro, algo pequeño y frágil y lo único que merece la pena conservar en el mundo. Nunca debemos perderlo o entregarlo. Nunca debemos dejar que nos lo arrebaten. Andy & Larry Wachowsky, V de vendetta.