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October 31, 2006

imbéciles

guardado en: cine

(escuchando Corine Bailey Rae, Corine Bailey Rae)

las balas resuenan atravesando las paredes, las puertas y las ventanas. los más jóvenes, aquellos que todavía tienen ganas de seguir adelante, se han organizado para la lucha. han levantado los puños y han dicho basta ya, pongámonos de acuerdo, busquemos una solución. mientras tanto, el ejército ha decidido expulsar a todos aquellos que no hayan nacido en el país, sean más jóvenes o más viejos, no importa, hay que conseguir salvar a los nuestros. los niños hace muchos años que han dejado de correr por las calles, porque han dejado de existir. la isla parecía ser el único lugar del planeta en el que todavía se mantienía algo de paz, pero hace semanas que las revueltas empezaron. de ahí la nueva política de expulsión. los tienen amontonados, como si fueran sacos de la comida que ya no tienen, en pueblos cárcel cerca del mar, porque así pueden huir por su propio pie y a su suerte, o esperar el barco que se los llevará lejos de aquí, hay que llevárselos lejos de aquí. por eso los jóvenes se han organizado, han montado mercados y nuevas fórmulas de intercambio de ropa y comida y bebida, para poder subsistir y continuar la lucha. pero al gobierno no le ha parecido una buena idea y ha enviado a las fuerzas de seguridad del estado. y los muertos son el pan nuestro de cada día. porque pan, ya casi no queda, nadie quiere producir nada, para qué? ahora ya no hay vuelta atrás. aquí no hay ni buenos ni malos, nadie tiene razón. porque todos van a perder la partida al final, porque dentro de cuarenta años, sólo quedarán los cadáveres de aquellos que murieron luchando por nada, porque ya no queda nada por lo que luchar. sólo balas que trazan el aire como una tela de araña. sólo el silbido de metal mortal que atraviersa piel, músculo y hueso, para dejar un hueco en su lugar. pero algo está ahí, muy por debajo del ruido que llena los oídos. un bebé llora. un bebé. llora. un bebé. puede que sea el único del planeta. es una niña. el lamento agudo del hambre silencia todo lo demás. la naturaleza se levanta imponente ante los ojos y los oídos de los hombres que, arrogantes y seguros de sí mismos, han conseguido terminar con su vida, con toda su vida. les mira y les grita imbéciles, cuánto creéis que vais a durar?

Alfonso Cuarón, hijos de los hombres

October 30, 2006

Hobbes, ese tigre

guardado en: por la red

(escuchando Lenny Kravitz, let love rule)

de nuevo, las horas pasan muy deprisa para poder usarlas en otros menesteres distintos a la producción no comercial. pero que no quede por una pequeña lección de la mano del maestro Bill Waterson.

hobbes_ese_tigre

October 27, 2006

parásitos

guardado en: cine

House: tiene un parásito.
paciente: como la solitaria o algo así? puede quitármelo?
House: hasta dentro de un mes sí. después es ilegal. bueno, en algunos estados no.
paciente: ilegal?”
House: tranquila. muchas mujeres se encariñan con estos parásitos. les ponen nombres, les compran ropita y los llevan al parque a jugar con otros parásitos…

Hugh Laurie, house.

October 26, 2006

preferencias

guardado en: historias

(escuchando Clint Eastwood after hours, live at Carnegie Hall)

tiempo atrás, cuando las cosas estaban más claras y el chocolate estaba espeso porque lo hacía la abuela fundiendo tabletas en una olla de metal, removiendo lento pero seguro, la gente todavía podía fiarse de los contratos, incluso de los se cerraban con un apretón de manos. por eso se daban muchos casos de acuerdos inverosímiles, que aún hoy en día perduran. eran otros tiempos, y, en el día a día, las ideologías estaban más claras. todos sabían, más o menos, cuál era su función en el esquema social. el panadero era panadero, el cura era cura, el cartero, cartero. y los políticos políticos. nadie se metía en el campo de nadie. casi todo estaba por descubrir y los negocios expezaban a explotarse. incluso, el mal, entendido como forma de ir por la vida, tenía todo un campo para abonar. por eso el diablo firmaba tantos contratos de compra-venta de almas. porque necesitaba trabajadores en plantilla. trabajadores muertos, eso sí, pero que cumplían la función de conciencia maligna en los hombros de los corruptibles y fácilmente fascinables. pero, como todo buen negocio, nunca sale a la primera y, para llegar a ser un profesional, hacen falta muchas prácticas. y el diablo no tenía muy claros ciertos conceptos. además, a todos nos gusta el lujo fácil, no? por eso, esas transacciones de almas a cambio de inteligencia, fama, éxito, millones de discos vendidos en todo el mundo, premios Nóbel, no siempre eran del todo beneficiosas para el representante del mal. de hecho, muchas almas terminaron en atras alturas, disfrutando del paraíso. y mi alma?, preguntaban muertos de miedo. no, no me hace falta, tranquilo. con este traje italiano tengo suficiente, contestaba el cornudo, mirándose al espejo y sintiéndose un verdadero dandy. si es que eran otros tiempos.

de dónde venimos? a dónde vamos? hay posibilidad de tarifa de grupo? Woody Allen, la última noche de Boris Grushenko

October 25, 2006

Ben Harper y los criminales inocentes

guardado en: musica

(escuchando Eagle-Eye Cherry, present future)

Ben Harper y los criminales inocentes suben al escenario. los dos lados del arma sale como una explosión contra la plaea, que se mueve siguiendo esa extraña alma de California que destripa lo social y lo político y lo sentimental y lo emotivo con una facilidad pasmosa. de fondo, sobre la pantalla, un amanecer. el principio es un huracán que arrastra manos y caderas y pies a un lugar que llevan meses esperando o que no sabían que existiera. la tormenta termina con una lluvia de palmadas expectantes. cambia la guitarra y se calza el slide entre los dedos para ofrecer una nueva guindilla rabiosa en la boca del que no se dará por aludido, porque nunca lo hace. de nuevo la acústica para llorar te he estado esperando. el enorme músico de California de alcanza tremenda grandeza cuando toca sin distorsiones, siguiendo sus ojos y sus puños levantados, como aquella si no te gusta mi fuego, no vengas a calentarte, pero yo lo voy a encender igual. alguien, desde la mesa de sonido, levanta una cámara de vídeo y inmortaliza caras de sorpresa y satisfacción, cuerpos bailando y alguno besándose. la enorme tela blanca que decora la escena es testigo ante los ojos atónitos y sentidos de aquellos que aún no han aparecido en forma de puntos digitales. la piel de gallina. el espectáculo regresa al grito desesperado por un mundo mejor con mis dos manos, y vuelve a girar de nuevo a los primitivos sonidos del metal contra el metal tembroloroso. quién quiere estar en otra parte? miles de mecheros y pantallas de teléfonos se cuelan por el objetivo de los cables y aparecen de nuevo más allá de la música, poníendole la guinda al desafío de conseguir que la belleza sea la única arma contra el asesinato. pero la banda desaparece y las camisetas de Villacampa, Jofresa, Morales, del pavellón olímpico de Badalona (qué recuerdos contra el Estudiantes en Goya) tiemblan a la espera de un final imposible. las luces encendidas y una banda que reaparece con el alma en un puño. Ben Harper siente en el cuerpo que hay una nueva forma de hacer las cosas. lo grita, lo salta, lo canta, lo levanta, lo lanza al cielo y acelera su corazón y el de todos los que estábamos allí. luego, el final. gracias, ha sido verdadero un placer.

las revoluciones son contagiosas. y, si hubiéramos triunfado aquí, quizá hubiéramos podido cambiar el mundo. Ian Hart, tierra y libertad

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