líneas de tiza
(escuchando foo fighters, in your honor)
que reviente el cielo azul en mil pedazos y quede teñido de negro para siempre. que se nos llenen los pulmones de humo, de gases lacrimógenos y de desgracias ajenas. que se hundan todas las pirámides de Egipto y se deshidraten todos los mares. que explote el sol y la luna y se hunda la Tierra en una solemne oscuridad. que griten todos los niños a la vez en una orquesta inagotable de asco y decepción. que expiren todos los plazos antes de la destrucción, y se acabe, de una vez por todas, este estúpido sufrimiento. el final de la cuenta atrás ha llegado. el planeta se desintegra. y nosotros, por fin, con él. estúpida y mortal raza, la humana. adios. y gracias. el general apagó el micrófono que lo contectaba con el mundo exterior a través de las hondas de radio y suspiró profunfamente. él, que siempre había sido un modelo a seguir, un sargento de hierro, como lo le llamaban los suyos, había perdido el humor y las ganas de luchar hacía tiempo. el ejército era una mierda. la vida era una mierda. el mundo era una mierda. un general deprimido, qué puede haber peor que eso?, pensó. se encendió un cigarrillo y aspiró casi con ternura. miró el botón rojo y lo pulsó. se puso en pie y salió a la terraza de su oficina. desde allí la estela de las cabezas nucleares en el cielo eran como líneas de tiza en una pizarra azul.
si Amélie prefería vivir en sus sueños y seguir siendo una chica introvertida, estaba en su derecho, ya que malograr su vida es para todo ser humano un derecho inalienable. Serge Merlin, le fabuleux destin d’Amélie Poulain.

