(escuchando Brad Meldhau, largo. qué obsesión por este disco, oiga)
cajas y más cajas. arañazos de clavos en las manos. pintura en el pelo y en la ropa y polvo en los pulmones (cómo se puede acumular un cubo de polvo en una sola habitación?). y el vecino ese que siempre hay en las fincas antiguas. ese que conoce a los dueños de hace años, desde siempre, y te dice incluso en qué sentido tienes que cargar los bultos. claro, si lo hubiérais cogido del otro lado… y piensas cállese, señor, que aún no nos hemos mudado y no le va a gustar nada que a las dos de la mañana me dé por escuchar la discofragía completita de Jimi Hendrix, que era un tipo muy majo que hacía cosas con la guitarra del revés. y luego mete la cabeza por la puerta y te dice estáis-arreglando-el-apartamento-a-ver-qué-bonito-os-está-quedandoooooo y se mete directamente en todas las habitaciones. oiga, señor, qué (putas) hace? dónde (cojones) va? no, no te embales, sé amable, que vas a tener que vivir aquí por lo menos hasta noviembre. sí, sí. y agarras una caja del suelo y la trasladas de sitio. perdón, me deja pasar? y se aparta, pero no se va. así que mueves otra caja. le importa? uy, perdón. pero sigue sin largarse. veintidós cajas mas tarde (algunas, incluso las has movido tres veces), suelta algo así como ya veo que tenéis mucho trabajo. ale, si necesitáis algo, ya sabéis dónde encontrarme. sí, en el jardín, mirando a través de la ventana lo que hacemos. calma, calma. om-om-om. y continúas con el bricolaje-mudancil. pero, claro, ya te has despistado. y se te ha olvidado cortar la luz. y de repente te quedas pegado a un enchufe y te pones a saltar como en los tebeos. gritas. tu mujer corre a cortar la luz, y tú caes al suelo, con el cuerpo como sin huesos. y ahí está de nuevo el vecino con un tú-has-tocado-algo-porque-no-hay-luz- en-la-finca. y tú como un trapo. ggggnnn. no abras, no abras. no te hagas el ocupado, sé que estáis ahí. ya no recuerdas nada más. cuando te repones, vuelve a haber luz. así que continúas. codo a codo. mano a mano. al día siguiente te duelen todos los huesos. incluso los que no sabías que tenías. pero ya está. ahora sólo os queda abrir las cajas para darle al botón de reset. y poner una alarma detectora de vecinos, claro.
se tarda exactamente cuatro segundos para ir de aquí a la puerta. yo le doy dos. Audrey Hepburn, desayuno con diamantes