q!

April 27, 2007

suerte

guardado en: cine

(escuchando shuffle music, q!)

aquel que dijo más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida. la gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. asusta pensar cuántas cosas se escapan a nuestro control. en un partido, hay momentos en que la pelota golpea el borde la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. con un poco de suerte, sigue adelante y ganas. o no lo hace y pierdes.

Jonathan Rhys Meyers, match point.

April 26, 2007

espera

guardado en: cardiología

(escuchando suffle music, q!)

como todas las mañanas, se levantó triste. y no era una pose, ni una actitud. últimamente, era así. la tristeza formaba parte de su vida como la alegría de la de otros. y como muchas otras mañanas, le dolía la cabeza. en la cocina, puso la cafetera y calentó la leche en la pequeña cacerola (no tenía ni quería microondas). sobre el fuego, el aire empezó a ser de ese olor a café que abre los ojos sólo de imaginárselo. pero le dolía la cabeza. y tenía que volver a ver sus pagajosas caras de gente feliz o no, rostros de hipocresía maldita y cuerpos raros y vacíos. silencios encorvados que se estiran hasta que se rompen en nuevos silencios que hierven. pero hoy no había humor para nada. ni para los silencios siquiera. para qué fingir? ellos no lo hacen. un momento sólo. un instante de verdad profunda. uno sólo. no puede ser. la verdad duele y abre heridas que no cierran nunca. así que no puede ser. pero pasará. como todo. un día, una frase cualquiera o una mirada cualquiera o un instante cualquiera o un resultado de un análisis, conseguirá que el nudo de la lagirne se deshaga por fin. por ahora. hasta la próxima. mientras esperaba, se encerró en su nada cotidiana y desapareció. adios.

cuando una mujer tiene mucho que decir no dice nada, su silencio ensordece. Chow Yun-Fat, Ana y el rey

April 25, 2007

churros

guardado en: por la red

(escuchando garage a trois, outre mer)

reflexiones compartidas con criterion (qué grande, Nález)
siempre quise ser artista. quería hacer cosas bonitas y que todo el mundo me admirara, que un sólo trazo de mi pincel pudiera transmitir esa emoción concerta, que la gente se quedara contemplando mis obras durante largo rato, sintiendo lo que el arte le estaba contando. luego, descubrí que el diseño era más fácil que el arte. así que me dije a la mierda los pinceles, vivan los vectores. un tiempo
más tarde, me di cuenta de que mis manos eran las de otro. o eso, o simplemente no había nacido para ser lo que pretendía, ni me acercaba siquiera. ni con los veinte dedos juntos era capaz de convertir las descomunales y monstruosas ideas en líneas que las expresaran. ni las emociones. ni nada. me quedé en la mediocridad más zafia, en el plagio más triste, en la máquina de churros, en la producción en serie. poco a poco, me fui acostumbrando y, oye, al final, acaba uno por cogerle el tranquillo, y el consuelo inicial se convierte en me gusta mi trabajo básicamente porque gano mucha pasta. ahora, que tengo tanto dinero que no lo puedo ni contar y soy el diseñador que todo el mundo quiere, que tengo ofertas de trabajo de cualquier país y que los ceros en la nómina ya no me tientan, veo aquellos años de mediocridad económica y de falta absoluta de confort, cuando los sueños eran mis guías, como algo repugnante. pobre desgraciado, que quería y creía en sí mismo y en sus ideas. por suerte, desperté y ahora soy quien soy. ánimo, si yo no pude hacerlo, tú también puedes.

los hijos de todo el mundo son especiales, no entiendo de dónde salen tantos adultos mediocres. Samantha Morton, código 46

April 24, 2007

leer es malo

guardado en: mundo grúa

(escuchando André Previn & David Finck, we got rhythm)

basado en una noticia leída en El País.
a los 22 años, Nil estaba pasando por uno de esos estados de morriña en los que lo único que te apetece es estar con los tuyos y desenchufarte a su lado. así que las vacaciones que le propuso su padre le parecieron geniales. sólo tenía que tomar el avión a Fénix. desde allí viajaría con su familia a Disneylandia a pasar unos días. atracciones y personajes simpáticos y felices, eso era todo lo que necesitaba. se puso unos pantalones vaqueros, una camiseta de un periódico local en el que trabajó de becario un par de veranos y sus zapatillas deportivas favoritas. en el aeropuerto, facturó la maleta y se dirigió al arco detector de metales. su cuerpo no emitió ningún ruido al pasar, pero el policía de turno le miró y arrugó el entrecejo. Nil llevaba en la mano la novela que estaba leyendo, Hayduke lives!, la historia de un ecologista radical que boicoteó todo tipo de proyectos que creía que estaban destrozando el paisaje de Estados Unidos. puede enseñarme ese libro, señor? por supuesto, contesto Nil. en la portada, aparecía el supuesto Hayduke con un montón de cartuchos de dinamita en las manos. el policía rumió durante unos segundos y, muy serio, le invitó a acompañarle. podría venir conmigo, pro favor? ocurre algo? quiere seguirme? sí, sí, pero ocurre algo? le llevaron a la comisaría del aeropuerto y le dijeron que se sentara. le pidieron la documentación y el billete y la tarjeta de embarque. luego le ofrecieron agua y empezaron a hacer su trabajo. el interrogatorio empezó con preguntas del tipo nos puede decir su nombre? de dónde es? a qué se dedica? por qué quería volar a Fénix? Nil estaba nervioso. aquellos hombres iban a acusarle de algo, pero no sabía de qué. mentalmente, repasó todos los detalles del equipaje, intentando recordar alguno que pudiera ser ilegal. no encontró nada. de repente, las preguntas cambiaron a forma parte de alguna asosiación islamista? qué? ha querido alguna vez asesinar a algún miembro del gobierno de los Estados Unidos? qué? oiga, me está acusando de terrorismo? cállese, gritó un hombre de espaldas anchas y traje azul, a la vez que golpeaba la mesa con un puñetazo que la hizo temblar, y conteste a la puta pregunta. no, respondió Nil con la mirada sobre la mesa. tres cuartos de hora y doce personas más tarde, le informaron de que se podía ir, pero, lo siento, no puede usted tomar ese avión. qué? por qué? por tres motivos. el primero: lleva usted un libro con una bomba en la portada. el segundo: compró usted el billete el pasado once de septiembre. y tercero, y no por ello menos importante, su carnet de conducir lleva tres meses caducado. menos mal que Sant Jordi sólo se celebra en Catalunya. aunque, un momento, últimamente se ha extendido a muchas cuidades de España… a ver si los catalanes están planeando algo…

si dudas, muere gente. The Rock, doom

April 23, 2007

la vida en rosa

guardado en: cine

(escuchando Keith Jarret, the Köln concert)

un día, Louis recibió una petición que le sorprendió. como contorsionista de circo, nunca había necesitado nada más que llevar a cabo sus ejercicios para recibir el aplauso del público y, cada semana, el sueldo correspondiente. pero la vida de artista callejero era muy distinta. sin el abrazo de la infraestructura circense, tenía que deslumbrar a aquellos que se dignaran a hacer un alto en sus vidas para contemplarle durante unos minutos. por eso se extrañó de que le dijeran y la niña, no hace nada? queremos ver actuar a la niña. pero la niña, a pesar de ser su hija, no sabía hacer nada. al menos, que él supiera. haz algo, vamos rápido. muerta de miedo, se puso a cantar la marsellesa. Dios mío, cómo cantaba. incluso hizo llorar a alguno. aquella mocosa de diez años sabía como usar sus cuerdas vocales. y de qué manera. así que la niña comenzó a actuar en la calle junto a su padre. él sólo, no conseguía más que un par de monedas para un mendrugo de pan. con ella, el plato caliente y la botella de vino estaban garantizados. pero la niña creció y la empezó a darse cuenta de que la que ganaba dinero era ella. y salió a la calle ella sola. sobre las aceras, alguien la convirtió en la môme. Piaff, el gorrión, cambió de escenario y se subió al de un cabaret. luego, a de los teatros de variedades. años después, Edith cantó en el Olimpia. triunfó y murió como una estrella. llena de excesos y aducciones. le cantó el mundo que veía la vida en rosa y no se arrepintió de nada. la vida de Edith Piaff, qué vida. y, sin Marion Cotillard, esa vida sólo sería un recuerdo. porque es una de esas actrices que desaparecen para convertirse en otra persona. esa es su profesión. no es una estrella, es quien quiera ser. sus papeles no son papeles, sino vidas. ya no es la chica de taxi, ni aquella joven de quiéreme si te atreves, ni el contrapunto femenino de un buen año, sino la môme, la niña Piaff, Edith. joven, jovial, triste, colocada, encorvada, destruida por la tristeza y las drogas, aquella imagen vestida de negro te ponía la piel de gallina sólo con sus manos, la jovenzuela que cantaba en la calle a cambio de unas monedas. Cotillard es una curiosidad en Hollywood, pero aquí es una sorpresa continua. de no ser por ella, la vida en rosa sería otro biopic sobre una artista, otra historia de prinicipios duros, auge vertiginoso y muerte triste y solitaria. porque, de no ser por ella, no tendríamos oportunidad de ver a Edith Piaff en un escenario y a la misma Edith Piaff fuera de él. porque, los que nacimos tarde sólo teníamos su música. y ahora la podemos tener a ella.

si Amélie prefería vivir en sus sueños y seguir siendo una chica introvertida, estaba en su derecho, ya que malograr su vida es para todo ser humano un derecho inalienable. André Dussollier, Amélie.

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