limpieza
(escuchando PJ Harvey, stories from the city, stories from the sea)
se sienta a esperar. no tiene prisa. hace tiempo que decidió abandonar el reloj en un cajón de la cómoda. y allí sigue. se gira hacia la mesa y agarra el paquete de cigarrillos. lo abre. saca uno y se lo pone en los labios. vuelve de dejar el paquete sobre la mesa. coge el mechero y, con el dedo pulgar, hace girar la rueda con fuerza. se oye el chispazo de la piedra de fogueo contra el metal rugoso. el gas combustiona y genera una pequeña llama. acerca el mechero a la punta del cilindro de papel y tabaco y pega una calada. oye como crepita. saca el humo despacio y lo deja flotar en el aire pútrido. las paredes desconchadas contribuyen a la humedad del lugar, que provoca una peste casi insoportable. pero llevan tanto tiempo allí que ya ni recuerdan el olor a ropa limpia y recién planchada que su madre le dejaba sobre la cama. frente al soldado, el cuerpo de su víctima deja escapar su último aliento y cae al suelo teñido de rojo. el soldado limpia el cuchillo con un trapo blanco y da una nueva calada al cigarrillo. fuera, continúan los disparos.
yo no quiero que muera la gente, no apunto a nadie a la cabeza y le obligo a disparar. lo admito, una guerra es buena para el negocio, pero prefiero que disparen con mis armas y fallen, con tal de que disparen. Nicolas Cage, el señor de la guerra.

