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January 31, 2008

once

guardado en: cine

(escuchando Glen Hansard & Marketa Irglova, once bso)

una vez, dos personas se conocieron por casualidad. o puede que por afinidad. era invierno y, en Dublín, hacía frío. el chico llevaba una bufanda atada al cuello y un abrigo largo de lana. cantaba para sobrevivir, en la calle. durante el día, sólo tocaba temas conocidos. es lo que la gente quiere oir, lo que da más dinero. tocas por dinero? de alguna manera tengo que ganarme la vida. de noche, tocaba sus canciones. es mejor, de noche no me escucha nadie. yo te escucho. ya, y me dejas diez peniques. la chica iba vestida con una falda de flores y leotardos de lana. de día, vendía flores en la zona peatonal para darle de comer a su hija. por la tarde, limpiaba en una casa muy grande. es genial, porque son muchas horas y gano bastante dinero. así que sabes de música, verdad?, le preguntó él una vez. mi padre era violinista, y me enseñó a tocar el piano. menos sufrido para los dedos, me dijo. él sonrió. una vez, hubo una historia de un chico y un chica. pero fue una historia pequeña, de corazones rotos que se sujetaban con cinta adhesiva para seguir avanzando, de pasos cortos que servían para ponerse un poco de mercromina y una tirita en las heridas, que puede que cerraran o no. la historia del chico y la chica emocionaba por sencilla, por sincera, por diminuta, por desapercibida. no dramatizaba, no guardaba la alegría para explotar en felicidad, no construía ni destruía, solo te balanceaba, como un llaüt en medio del mar disfrazado de balsa de aceite. la historia del chico y la chica se llamó once.

sólo soy un estúpido mecánico de aspiradores con el corazón roto. Geln Hansard, once.

January 30, 2008

mago

guardado en: musica

(escuchando eso de ahí abajo)

escuchar a un mago

camina entre las nubes
con una pista de circo en plena fiesta
mariposas y cebras
y rayos de luna, y cuentos de hadas
en su cabeza no cabe nada más
cabalgando sobre el viento

cuando estoy triste, viene a mi lado
me libera con un millón de sonrisas
no pasa nada, me dice, no pasa nada
coge lo que necesites de mí
cualquier cosa

vuela, pequeña ala

Jimi Hendrix, little wing

sin ayuda no se crece. Nichelle Yeoh, tigre y dragón

January 29, 2008

divertimento

guardado en: historias

(escuchando Bill Evans, you must believe in spring)

lo descubrieron por casualidad. una mujer de ochenta y cuatro años salió de su casa muy temprano para comprar el periódico, como hacía todas las mañanas desde que su matido enfermó. a él le gustaba que le leyera las noticias desde la mecedora. el frío del invierno había helado la humedad de la mañana y la había convertido en una capa de hielo sobre las baldosas alrededor de la piscina. y la mujer cayó al agua. curiosamente, en lugar de morir ahogada, consiguió nadar asta la orilla y salir por su propio pie. dando saltos de frío, entró en casa y buscó una toalla. se desnudó y se secó lo más rápidamente que pudo. era un milagro que estuviera viva, no quería tentar más a la suerte y coger una pulmonía que marcara el punto final. frente al espejo del baño, se dio cuenta de que había rejuvenecido treinta años. así, de repente. treinta años. sin venir a cuento ni nada. rejuveneció. no se lo podía creer. ni ella ni su marido. él sonrió y la miró de arriba abajo. y si probamos conmigo?, preguntó desde la cama. ella no se lo pensó dos veces. le agarró por debajo de los brazos y lo sentó en la silla de ruedas. le empujó hasta el borde de la piscina. estás seguro? él asintió. en el fondo, quedó atrapado bajo las ruedas y creyó morir. pero no lo hizo. treinta años físicos desaparecieron de su cuerpo. salió del agua y se secó. aquel día no salieron de su casa, ni siquiera fueron al bingo. las sábanas eran mucho más divertidas.

si no te ríes de ti mismo, la vida se te hará más larga de lo que es. Natalie Portman, algo en común.

January 28, 2008

decidir

guardado en: cine

(escuchando Eddie Veder, into the wild)

crees que tienes que querer todo lo que crees necesitar. y que hasta que no lo tengas todo no serás libre. pero siempre quieres más de lo que tienes, y crees que lo necesitas. sociedad, sistema extraño, espero que no estés sola sin mí. sociedad, cuánta locura, espero que no te enfades conmigo, que me dejes decidir. Chris decidió que la sociedad en la que había crecido no era la mejor forma de vivir, que el engaño en el que había pasado sus veintitrés años de existencia era sólo el preludio para su vida. su nacimiento, su adolescencia, su madurez, su sabiduría, el final de su viaje. así que Chris deshizo la maleta, quemó su carnet de identidad, sus tarjetas de crédito, su dinero en metálico, regaló sus ahorros. y empezó a andar. por primera vez, la libertad era su única guía, el día su único reloj, los animales y las plantas su único alimento. por primera vez, el aire no olía a humo y a ruido, ni a coches, ni a espacios cerrados, ni a colas para conseguir un cartón bajo el que dormir sobre la acera. desde lo más alto de sí mismo, proclamó su exitencia al mundo, sin comunicarse con nadie, sin hablar. solo. en el autobús mágico. un lugar que ya había servido antes de hogar y que ahora era su techo. solo. casi tres años. viviendo. consecuentemente. ese era Chris. y Sean Penn lo ha contado con la cámara al hombro, muy cerca, llenándolo todo de primeros planos y encuadres imposibles y paisajes de bocanadas de aire descomunales. y dispara a bocajarro, sin florituras, ni efectos dramáticos. ni acontecimientos de ritmo frenético que ponen el corazón en un puño y llevan a la platea de la mano hacia la emoción que yo te diga. no. él habla de Chris sin colorines ni ordenador, para que lo sientas como quieras. para que te lo creas o no. yo me lo creí.

Sean Penn, hacia rutas salvajes (into the wild)

January 25, 2008

cosas de hombres

guardado en: cine

(escuchando Tom Waits, heart attack & wine)

tío Chiche: Valen, Valentín, estás durmiendo?
Valentín: hablá bajito, que la abuela está acá al lado.
tío Chiche: estoy hablando bajito, che.
Valentín: bueno, pero también tené cuidado con los pies.
tío Chiche: vale.
Valentín: te puedo contar un secreto?
tío Chiche: sí, dale. contame.
Valentín: hay una chica en el colegio que me gusta.
tío Chiche: en serio?
Valentín: sí.
tío Chiche: cómo se llama?
Valentín: Camila.
tío Chiche: que lindo nombre. qué te gusta de ella?
Valentín: el pelo, los ojos.
tío Chiche: los ojos?
Valentín: sí.
tío Chiche: y usa… qué usa, trencitas? un moño?
Valentín: algunas veces.
tío Chiche: si querés yo te puedo ayudar a escribirle una poesía.
Valentín: sí.
tío Chiche: a ver… este… querida Camilita, cada vez que te veo, me hace cosquillas la pancita.
Valentín: no, tío. sos un parroncelio. yo quiero tener una novia y vos me la vas a hacer espantar.
tío Chiche: sí, la voy a espantar… ya, que es hora de dormir, dale eh. te gustaría ir a la cancha mañana?
Valentín: sí, dale. sí.
tío Chiche: y después me acompañás a la iglesia, como en los viejos tiempos.
Valentín: a la misa, sí.
tío Chiche: eso. bueno, un besito de las buenas noches.

esa noche le inventé una historia a mi tio. le dije que gustaba de una chica. como me la paso todo el tiempo con mi abuela, cuando viene él, quiero hablar cosas entre hombres. es normal, no? no es que sea mentiroso.

Jean Pierre Noher & Rodrigo Nova, el sueño de Valentín

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