protección
(escuchando Corinne Bailey Rae, Corinne Bailey Rae)
a pesar de que el termómetro de la terraza marcaba nueve grados, la temperatura de la habitación era de veinte. se metió en el vestidor en ropa interior y los pies desnudos. le gustaba notar la madera del suelo de parquet contra la piel. igual que entrar en la pequeña habitación llena de puertas y cajones y perchas con ropa colgada, y salir vestido. era como vivir en casa de otra persona, como ser otra persona. abrió el cajón y sacó la funda de látex transparente, que siempre guardaba doblada en una funda hermética para que no sufriera desperfectos. se la puso y se la ajustó al cuerpo como si fuera una segunda piel, tirando de los lugares en los que quedaban pliegues. estiró los brazos y las piernas y dejó que el material elástico hiciera de sus arrugas las de su propia piel. respiró hondo. luego buscó unos pantalones, una camiseta y un jersey para ponerse encima, y se vistió. revolvió el cajón de calcetines hasta que encontró unos sin agujeros en los dedos y que fueran lo suficientemente gruesos para el frío invernal que siempre tenía en los pies. desayunó y se marchó, como cada día, a trabajar.
hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las oye. Aitana Sánchez-Gijón, Yerma.

