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March 12, 2008

reacción

guardado en: historias

(escuchando vvaa, funk a go-go)

el enfermo mental espera paciente a que el alba caiga despacio sobre la ciudad. el principio de un nuevo amanecer, piensa. una sábana limpia sobre el colchón. no tiene prisa. ninguna. lleva muchas horas escondido entre cuatro paredes y un techo y un suelo, atiborrado de sedantes que amablemente le permiten vivir en la más completa inopia. sólo cuando el sol abre los ojos y se despereza detrás de los mausoleos del cementerio puede sentir que está vivo. el resto del tiempo, nada. después de años de anestesia muscular y neuronal, su consciente empezó a luchar con su inconsciente, a pelearse contra los espejos del baño común. porque en el manicomio no hay un sitio en que se pueda estar a solas, sólo un lugar en el que todo el mundo hace sus necesidades frente a todo el mundo. han sido años de sueño y delirio con una constante. siempre, desde el primer día, a la misma hora, cada noche, el enfermo mental abre los ojos y se sabe en una institución, atado a la cama, con el cuerpo entumecido de no usarlo. en ese preciso instante, lo recuerda todo. ve las neuras de sus compañeros de pasillo, a los enfermeros en el trastero, practicando degradantes juegos sexuales con su cuerpo inherte, la repugnante papilla del plato a la hora de la comida. ve la hipocresía del hospital ante las visitas de su familia, vestidas de sonrisas y ojos de lástima. y siente asco. y luego rabia. llora en silencio para no despertar a nadie. justo en ese instante de la noche, el sol hace acto de aparición más allá de su ventana, entre las cruces bajo las que descansan los muertos. en pocos minutos, empezará a oir los pasos de la enfermera jefe recorriendo el largo pasillo. luego vendrá el sonido de las bisagras de las puertas de las habitaciones y él se hará el dormido (alguna vez no lo hizo y lo molieron a palos). en pocos minutos le llegará el turno. notará cómo le desatan un brazo, hoy toca el derecho, el algodón mojado en alcohol sobre las venas del antebrazo y la punta de aguja sobre la piel. en ese momento, se incorporará y se abalanzará sobre la mujer que le droga cada noche. le quitará la jeringuilla de las manos y se la clavará en el cuello, inyectándole los sedantes. el cuerpo vestido de blanco se desplomará sobre el suelo de madera con un ruido seco. él se levantará. se vestirá deprisa, pero con calma. le quitará las llaves a la enfermera y saldrá por la puerta de atrás. se oyen pasos al fondo del pasillo y el enfermo mental cierra los ojos.

escápate conmigo. Patrick Wilson, juegos secretos.

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