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May 30, 2008

mucho trabajo

guardado en: cine

(escuchando Alanis Morissette, flavors of entanglement)

(perdón por los silencios de estos días, pero Dios, últimamente, sólo sabe de marrones para ayer)

Rémy: al contrario de lo que la gente piensa, el siglo XX no ha sido particularmente sangriento. las guerras han generado cien millones de muertos. eso es una cifra generalmente aceptada. añade diez millones para el gulag ruso. la mafia china, no lo sabremos nunca, pero digamos un millón. eso nos da ciento treinta o ciento treinta y cinco millones de muertos. no es muy impresionante. sobre todo si pensamos que en el siglo XVI los españoles y los portugueses consiguieron, sin cámara de gas, ni bombas, hicieron desaparecer ciento cincuenta millones de indígenas de América latina. es mucho trabajo hermana, ciento cincuenta millones de personas con un hacha hacha. diríamos que tenían el apoyo de su iglesia, pero igualmente es un buen trabajo. a tal punto, que en América del norte, los holandeses, los ingleses, los franceses y, eventualmente, los americanos, se inspiraron, y degollaron a su vez a otros ciento cincuenta millones. trescientos millones de muertos en total. la mayor masacre de la historia de la humanidad pasó aquí, a nuestro alrededor. y sin el mínimo museo del Holocausto. la historia de la humanidad, hermana, una historia de horrores.
hermana Constance: si lo que dice es cierto y toda la historia está llena de crímenes abominables, entonces, razón de más que exista alguien que nos pueda perdonar.

Rémy Ginard & Johanne-Marie Tremblay, las invasiones bárbaras.

May 28, 2008

adiós, maestro

guardado en: cine

(escuchando vvaa, bso my blueberry nights)

se sentó en la silla de tijera y contempló el plató vacío. era demasiado temprano para que allí hubiera alguien. o demasiado tarde. habían estado trabajando hasta bien entrada la madrugada en la sala de montaje y ahora necesitaba una pausa antes de dormir un par de horas, las justas para aguantar el visionado con los mandamases de la productora. esa era la parte que menos le gustaba. en ocasiones, él también había ejercido de productor, pero nunca había dejado que eso influyera directamente en el trabajo del director. era su manera de trabajar. sin interferir. sin pausa. sin prisa. con toda la pasión y el objetivo puesto en cada fotograma. porque una cosa era el alma de las películas y otra muy distinta la técnica. y eso era algo que no tenía porqué andar de la mano. la colocación de las cámaras, las luces, el encuadre, el ambiente, el maquillaje, todo eso no tenía nada que ver con que se te hubiera la piel de gallina al leer un guión o al imaginarte una escena. y allí sentado sabía que había hecho un buen trabajo. lo sentía en los dedos. el decorado del salón de la granja estaba desordenado, lleno de cables y vasos de cartón para el café. todavía estás aquí, le preguntó Meryl. sí, quería estar un rato en silencio. ella miró las paredes de madera. hemos hecho una buena película, verdad?, preguntó Sydney. sí. pero ahora, vámonos a desayunar, que es tarde. el director asintió. se levantó de la silla y salieron del estudio.

las películas acaban, pero el cine no termina nunca. Silvio Orlando, doppo mezzanotte.

May 27, 2008

el otro lado

guardado en: por la red

(escuchando pearl jam, rearviewmirror)

Alexander Stanhope St George vivió en Londres a principios del siglo XIX. su mejor amigo, Marc Isambard Brunel, vivía a dos manzanas de su casa. pasaban horas imaginando mundos fantásticos en los que las máquinas construían casas, hacían las tareas más duras y transportaban de un lugar a otro a enormes velocidades. pero las circunstancias económicas no saben de amistad y, a mediados de siglo, la familia de Brunel se embarcó rumbo a Nueva York para empezar una nueva vida. la comunicación entre los dos amigos continuó por carta, pero Alexander necesitaba más. así que ideó un túnel que, desde el puente de Londres, atravesara el atlántico y llegara hasta la manzana de Brooklin en la que vivía su amigo. fue sólo un dibujo de un niño de diez años que guardó en el fondo de un cajón, pero tiempo después, aquel papel lleno de colores le pareció mucho más cercano de lo que hubiera podido imaginar de niño. sus trabajos en ingeniería óptica le permitieron darle volumen y forma de realidad. una complicada estructura de lentes y espejos permitía a cualquier persona, desde cualquiera de los dos extremos, ver la nítida imagen del otro, sólo con situarse en el lugar adecuado. durante años trabajó en el proyecto. incluso, en 1890, empezó a excavar en la isla británica. todo iba según lo planeado, hasta que el océano irrumpió en el agujero. murieron quince hombres. poco a poco, el proyecto perdía fuerza y, con ello, la obsesión de Alexander aumentaba. en 1917, su ideas pudieron más que su cuerpo y murió. el proyecto nunca llegó a su fin. años después, en 2006, Paul StGeorge, un artista peculiar y nieto del ingeniero victoriano, encontró una fotografía en la que aparecía su abuelo con sombrero de copa. junto a ella, un gran número de planos y cálculos para poder construir el llamado telectroscope. y pensó que era el momento de ponerlo en marcha. hoy, junto al Big Ben y al puente de Brooklin, un gran telescopio permite ver de un lado al otro del océano. quién habrá al otro lado?

el ingenio del hombre va paralelo a su demencia. Chalton Heston, el planeta de los simios.

May 19, 2008

lejos de los yogures del fondo

guardado en: cine

(escuchando Scarlett Johansson, anywhere u lay my head. qué grandes los experimentos con Tom Waits)

Ben rompió con Suzy y, desde entonces, no puede dormir. de repente, tiene ocho horas adicionales de vida, y eso es mucho tiempo en el que distribuir todas esas cosas que siempre has querido hacer y que no has podido porque no tenías tiempo o porque priorizabas distinto. como leer. o ver películas en casa. o releer. y releer. y aprenderte los diálogos de memoria. y aprender a estar sólo, en silencio, sin esperar nada, sólo el amanecer. tiene que hacer algo con su tiempo, de lo contrario, continúa pensando en Suzy. y eso no es bueno. es necesario que le venda sus horas a alguien. a un supermercado de esos que están veinticuatro horas abiertos, en el turno de noche. de día, dibuja en la escuela de arte. de noche, repone guisantes congelados en sus bolsas de plástico y los recoloca en la estantería. luego descubre que puede parar el tiempo. ponerlo en pausa. tiene todo el tiempo que quiera. el habitual más ocho horas adicionales (recordemos que sufre insomnio desde hace varias semanas) y el habitual más ocho horas adicionales y el que desee mientras dura la pausa. para analizar. para pensar. para contemplar. para estudiar los ojos de Sharon, la cajera. o dibujar, habiéndolas desnudado previamente, a las clientas. el cuerpo femenino en todo su esplendor y a su alcance para analizar cada curva y plasmarla en un papel. le gustaría ser pintor para poder transmitir la emoción que le provocan esos cuerpos en un lienzo y que los que lo contemplan lo puedan sentir igual. a Sharon le gustaría ir a Italia, por eso estudia italiano, así se siente más cerca de su deseo. los sueños dibujados en las paredes de una cafetería, más allá de las miradas de los botes de tomate y de los yogures de las estanterías del fondo y, sobre todo, lejos de la mirada del reloj, ese enemigo incansable que, cuanto más lo estudias, más ralentiza su inagotable tictac. ese es su trabajo. un ronroneo continuo que hace que, sin saberlo, sin esperarlo, ni desearlo, todo empiece y todo termine donde menos te lo imaginas. de hecho, por eso termina y empieza. porque no lo esperas. si lo haces, es demasiado obvio, y no ocurre. como Sean Ellis, que rodó un corto llamado cashback y ahora ya es largo. y consigue emocionarte. y que sonrías. algo que, en algunos círculos, es verdaderamente difícil e improbable.

la mala noticia es que el tiempo vuela. la buena es que tú eres el piloto. Sean Biggerstaff, cashback.

May 16, 2008

despedida

guardado en: cine

(escuchando R.E.M., accelerate. gracias, Chris, no somos dignos)

mr. Magorium: cuando el rey Lear muere en el quinto acto, sabes cómo lo expresó Shakespeare? escribió muere. eso es todo, nada más. sin fanfarrias, sin metáforas, sin brillantes palabras finales. así que la culminación de la obra de literatura dramática más influyente es muere. tuvo que ser Shakespeare, un genio, para expresar muere. sin embargo, cada vez que leo esa palabra, me invade un infinito sentimiento de tristeza. ya sé que es natural sentirse triste, pero no por la palabra muere, sino por la vida que hemos visto antes de esa palabra.
Molly Mahoney: …
mr. Magorium: he vivido mis cinco actos, Mahoney. no te pido que te alegres de que me tenga que ir, sólo te pido que pases página, que continúes leyendo. y des paso a la siguiente historia. y, si alguien pregunta alguna vez qué ha sido de mí, cuéntale mi vida en todo su esplendor, y acaba con un sencillo y modesto murió.
Molly Mahoney: le quiero.
mr. Magorium: yo también te quiero.
Molly Mahoney: …
mr. Magorium: tu vida es una ocasión, agárrate a ella.

Dustin Hoffmann & Natalie Portman, mr. Magorium y su tienda mágica.

ayer murió Monste. y se nos encogió el corazón.

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