q!

February 19, 2009

polillas

guardado en: por la calle

(escuchando matti, amumu)

(perdonen el silencio, pero los virus de barriga no perdonan el a las neuronas)

el aristócrata venido a menos levanta mucho los pies al andar, como si no quisiera gastar las suelas de sus lustrosos zapatos. lleva un abrigo largo negro, raído por el paso de las polillas y el tiempo, y un sombrero que utiliza para saludar cuando se cruza con algún conocido por la calle. en su cartera, lleva fotos de sus hijas a los diez o doce años, y de su mujer. la familia que una vez fue la suya desapareció un día tras años de adicción a un éxito subido a la cabeza. la contempla con la devoción del enamorado, con los ojos del que lo ha perdido casi todo, pero que aún alberga una pequeña bombilla de futuro en algún sitio de sus sueños. el aristócrata venido a menos se toca el ala de su sombrero al cruzarse con un policía local que está haciendo la ronda. el policía, educadamente, le devuelve el saludo. se ha dado cuenta, señorita? incluso la policía me conoce. la chica que acaba de cruzar la calle se sorprende. se quita uno de los auriculares por los que sale una música estridente. cómo dice? que si se ha dado cuenta, le contesta aquel hombre de bigotes lustrosos y arremolinados. de qué?, contesta ella, con el convencimiento de que se acaba de meter en una conversación de la que no le será fácil salir. de que incluso la policía me saluda, afirma el aristócrata con una sonrisa enorme. ah, sí, contesta ella con un amago de continuar con su camino. sabe? pregunta sin esperar una respuesta. una vez fui un hombre imporntate. se mete la mano en el bolsillo interior del abrigo. mire. la chica no puede sino reprimir educadamente su nerviosismo. aquel hombre está a punto de contarle su vida. a-ha. estas son mi mujer y mis hijas. hace tiempo que he dejado de verlas. las sigo queriendo mucho, pero no tengo mucho tiempo para verlas, continúa aquel hombre. claro, claro, responde la chica, pero tengo un poco de prisa. otro día quedamos y me lo cuenta con calma, de acuerdo? ah, sí, claro, claro. no quisiera incomodarla con mis historias. no se preocupe, no me molesta, es sólo que tengo un poco de prisa. por supuesto, no la entretengo más. otro día la busco. muchas gracias, buenos días. buenos días. la conversación queda como en suspenso, sujetándose por la sonrisa de un hombre con los ojos tristes, que ya busca la complicidad de una chica que llega desde la otra acera.

Elvira: bueno mamá, cuándo vas a empezar a mentir con la edad? yo ya lo hago.
Sofía: bastante trabajo me ha costado llegar hasta aquí, como para empezar a quitarme años.

Leonor Wantling & Rosa María Sardà, a mi madre le gustan las mujeres.

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