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December 1, 2008

cinco gatos (2)

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(escuchando the cure, 4:13 dream)

Beni y su pareja son dos caracoles en el sofá. lleva todo el fin de semana lloviendo, con un termómetro que rehusa alcanzar los diez grados. es una tarde de domingo de invierno como otra cualquiera. hacia las cinco suena el timbre y los cinco gatos aparecen por la puerta, mojados, cargando los instrumentos. la perra ladra, como cada vez que entran en el salón. no sabe de dónde han salido y porqué cargan esos extraños bultos. se saludan. bajan al sótano y enchufan. los cinco gatos del garaje empiezan con algo suave, un blues tranquilo en do menor, algo para calentarse los dedos, entumecidos por el agua y el frío. el humo juega con las notas, con las teclas y los trastes, con el bombo y las cajas y la piel de las congas. las paredes retumban cada nota, como si quisieran acompañarnos. termina el primer tema. qué bien. sí, sí. muy bien. hoy está sonando conojudamente. si es que ya le teníamos ganas. la guitarra empieza un ritmo funk que engancha la batería. las teclas del hammond se unen a la fiesta. todos hablan el mismo idioma. el el bajo sube y baja los dedos y empieza el imparable swing de cuerdas contra la madera del mástil. el gris del garaje se llena de colores, como una cápsula de buen tiempo en medio de la tormenta. el teclista cierra los ojos y se pierde en una frase de sólo tres letras, el guitarrista puntea más alto, más rápido, dejándose un trocito de sus sueños en cada golpe de los dedos contra el metal. el batería se alimenta de cada golpe de bombo mirando a la pared y el percusionista cierra los ojos y se deja empujar por las olas con forma de corcheas y blancas y negras y semifusas. el bajista escapa por las vibraciones que despejan la duda y sí, esto suena casi perfecto. la última nota explota la pompa de jabón y los cinco gatos abren los ojos a la realidad. sí señor. esta vez sí. a la salida, le dirán darán las gracias a Beni y a su novia, que siguen en el sofá, un domingo por la tarde lluvioso, el mejor sitio del mundo.

todas las canciones tienen un final pero eso no te impide disfrutar de la musica. Mark Schwahn, one tree hill.

November 19, 2008

el mejor día

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(escuchando pearl jam, pearl jam)

ayer fue el mejor día de mi vida. llevaba meses esperando poder ir a verles, y ayer, por fin, se cumplió mi deseo. quedamos un montón de horas antes y estuvimos haciendo cola para poder ponernos las primeras. en la cola, me encontré con Mike, que es el chico que me gusta, y lo pasamos muy bien y estuvimos mucho tiempo hablando de la música del grupo y de cuáles eran nuestras canciones favoritas. yo le dije que la mía era breath y él me dijo que también. así que me puse muy contenta, porque a los dos nos gustan las mismas canciones y dicen mis hermanos más mayores que lo importante cuando estás con alguien es que te gusten las mismas cosas. además, fue muy bonito porque, cuando las puertas se abrieron, me cogió de la mano porque había mucha gente y todos empujaban mucho y casi me pierdo. así que me cogió de la mano y entramos juntos. nos pusimos todos en primera fila y Mike se fue con sus amigos, que estaban un poco más lejos, pero no mucho porque le podía mirar todo el rato. cuando salió el grupo todo el mundo se puso a gritar mucho y fue súper emocionante. pero lo mejor de todo fue que me hicieron subir al escenario y me hicieron bailar mi canción favorita mientras el grupo la tocaba. y Mike me pido ver y yo le miré y le sonreí y él me guiñó un ojo. y Eddie, el cantante, me abrazó y dijo también es mi canción favorita. no os encanta esta chica? y todo el mundo gritó sí. y me puse un poco nerviosa, porque vi a toda esa gente que me estaba mirando y pensaba que me iba a desmayar de la emoción, pero no lo hice. miré a Mike en ese momento y estaba sonriendo mucho y me tiró un beso. y yo se lo devolví. y Eddie lo vio y le señaló y me señaló a mi. y Mike le hizo que sí con la cabeza. así que Eddie le hizo una reverencia a Mike y luego me besó en la mejilla. y dijo es un angel. y un hombre que trabaja con el grupo me bajó del escenario y me puso otra vez en mi sitio, con mis amigas, que se pusieron muy contentas, menos Caroline, que es tonta y se puso muy celosa, porque también le gusta Mike, pero a Mike no le gusta ella. y cuando se terminó el concierto, Mike vino y me cogió otra vez de la mano para salir y luego vino mi madre a buscarnos y Mike me dio un beso en la mejilla y me dijo mañana hablamos en el patio. por eso ayer fue el mejor día de mi vida. ahora me tengo que ir al instituto, pero quería contarlo antes de irme.

deseo, deseo, en algunos momentos, poder ver el futuro. y ese es el problema. quiero decir que la vida, en ocasiones, creemos que sólo tiene sentido cuando la miras hacia atrás. y no es bueno que tengamos que vivir hacia adelante. Frankie Faison, vidas contadas.

October 16, 2008

sus razones

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(escuchando Esther Philips, confesin’ the blues)

lo mejor es llegar hacia las once. cuando abres la puerta, el local está casi vacío. sólo un par de asiduos apoyados en la barra y alguna de las catorce mesas arremolina a varias parejas y un grupo de jóvenes. las paredes huelen a humo y la madera se te mete por los poros. la luz es tenue y sabes que has entrado en un lugar que está a años luz de aquí. lo mejor es acercarse a la barra y pedir una mahou bien fresquita para cada uno. si eres habitual, David ya te la habrá puesto sin pedírsela. una para ti y otra para el resto. le das la mano y un qué tal todo servirá de saludo. bien, bien. todavía tranquilito, así que puedes elegir. luego, lo mejor es atravesar el arco y hacerle caso a David. una mesa bien cerquita del escenario está bien. ahora, deja que pase la noche. la conversación puede versar sobre cualquier tema, eso, en el fondo es lo de menos. pero es importante que sea algo divertido, con lo que el grupo pueda entrar en un estado de buen humor que acompañará a partir de entonces. lo de la mesa cerca del escenario es algo fundamental porque, con el paso de los minutos, irá apareciendo gente y el espacio se irá reduciendo hasta convertirse en algo parecido a un metro en hora punta. pasada la media noche, la escasa luz irá disminuyendo hasta quedarse prácticamente a oscuras. frente a ti, si has seguido las recomendaciones, los focos iluminarán los instrumentos. batería, piano, micrófonos, amplificadores, caja de mezclas. justo detrás, en la pared de madera, el logotipo enorme. el bullicio de los asistentes, que ahora ya alcanzan increíblemente casi dos centenares, se convierte en aplausos generalizados. y empieza el concierto. lo mejor, en ese preciso instante es dejarse llevar porque ellos, quince años después de aquel día en el que estuvimos casi todos y todo olía a pintura, en el bluesville saben como suena la música.

un blues no es más que un hombre que echa de menos a la mujer que una vez tuvo a su lado. Ignacio, explicando sus razones.

July 8, 2008

pop

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(escuchando eso de ahí abajo)

llamadme pop, antiguo, carroza o lo que os dé la gana, pero hay días en los que se hace absolutamente necesario escuchar cosas como esta. no es cierto, Tomàs?


por las noches antiguas y la musica lejana. clint Eastwood, los puentes de Madison.

March 31, 2008

principio

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(escuchando Dario Marianelli, bso atonement)

sus pasos siguen el compás de la banda sonora que entra por los cables de cobre directamente al corazón. entra en las cavidades del músculo y marca el ritmo de cada una de las sístoles y diástoles. llueve. la sección de cuerda se alarga y encoge, y escucha el tecleo continuo de la máquina de escribir de Briony, que camina por el pasillo de casa. ha terminado la obra de teatro que estaba escribiendo. él no ha terminado nada. ni un cachito siquiera. pero basta de sueño. continúa andando. las notas parecen no tener final. el pianísimo se convierte en un allegro que parece que le levanta los pies del suelo. oye el agua rebotar contra la chaqueta de verde botella. la escucha. se acomoda al tempo. llega a su destino y saca el libro que está leyendo. los ojos recorren las líneas, casi atormentados, como la orquesta, como los protagonistas de la historia. hasta que la intensidad le obliga a dejar caer los párpados y se marcha a la playa. las dunas están llena de heridos y muertos. agonizantes cuerpos entre metralla y sangre, entre sábanas y tierra, entre la luz y la oscuridad. algunos, sobre las camillas, han perdido un brazo o una pierna, pero también la necesidad de luchar en esta estúpida guerra. otros, la mayoría, son atendidos allí mismo sin anestesia ni remordimientos. esto es economía de guerra, bromea el médico mientras cose el agujero de bala en un hombro de un soldado raso, que se revuelve de dolor. nadie sabe qué ha ocurrido. esto es como estar en un manicomio. todo el mundo mata a todo el mundo.nadie es amigo de nadie. un trozo de pan o un cigarrillo son suficientes para provocar una pelea multitudinaria que casi siempre acaba en tiroteo. la guerra es absurba. al principio, todos creen que va a servir de algo, que defenden su país de aquellos que quieren pisotearles. se defienden. para ser libre. pero nada es tan esclavo como esto. de aquí no saldrán jamás. muchos son los que morirán aquí. y, los que no lo hagan, llevarán a cuestas las imágenes de sus amigos muertos para el resto de su vida. los soldados caen como moscas, mientras los generales y capitanes duermen entre sábanas y beben buen vino en sus barracones, en lo alto de la colina. un grupo canta una canción de amor. los violines se han callado de repente y sólo se oyen las voces de los soldados. la gente se amontona cerca del andén. el tren entra en la estación. mete un dedo entre las páginas del libro y lo cierra. se abren las puertas del vagón.

no quiero aguantar sermones aburridos, prefiero escuchar la lluvia. Toshiro Mifune, Rashomon.

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