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February 23, 2009

máscaras

guardado en: por la calle

(escuchando vvaa, fabulous string Rachel collection)

bajo el maquilaje son profesores, albañiles, funcionarios, jueces, abogados, estudiantes, madres, padres y abuelos. a la vista, sin embargo, se han transformado en payasos, piratas, hormigas, frutas, aviadores, dioses del Olimpo, mimos y recortables. las representaciones de trajes y bailes típicos, bandas de música, batucadas y otras mezclas musicales, terminan un collage en el que la entrega y el trabajo de los meses previos, se convierte en confeti y ritmo y dulces. el conjunto de colores y formas que caminan en la misma dirección es una maquinaria de ilusión y buen rollo. el carnaval no disfraza, transforma y divierte. sobre todo divierte. aunque las formas pasen por vino en cartón, cebada fermentada en latas, malta destilada en botellas de plástico y humos de dudosa legalidad en algunos países en cilindros de papel de arroz. todo eso es una anécdota casi obligatoria que convierte el fin de semana en una mezcolanza de una vez quise ser bombero o astronauta, con agujas, hilo, patrones, bocetos, cuerdas, cascabeles, alambres, fieltro, papel maché y maquillaje. los alegres cobradores del frac entre ellos. los diez más temidos de la crisis salieron con su fajo de facturas y varias bolsas de caramelos a los hombros. los niños delante, junto al título de la comparsa motorizado, del que salía la selección dixieland para la ocasión. el resto, detrás, cerrando posiciones. las reacciones fueron muy distintas, pero la risa se llevó el primer premio. no, no, no te me acerques. yo ya tengo suficiente con la hipoteca. los más pequeños repartían felicidad en dulce envuelto a los niños. los mayores, su correspondiente impagado. al final, confeti y carcajadas. y alegría, mucha alegría. más tarde, ya de noche, con los pies doloridos sobre el sofá y la cara de ese extraño color que dejan los restos de maquillaje, el recuento obliga a cerrar los ojos, casi sin quererlo. las agujetas del lunes tras un fin de semana como este, no duelen igual que las de otras veces por otros menesteres.

me encanta hallowen, es la única época del año en la que todo el mundo se disfraza, no solo yo. Michael C. Hall, Dexter.

February 19, 2009

polillas

guardado en: por la calle

(escuchando matti, amumu)

(perdonen el silencio, pero los virus de barriga no perdonan el a las neuronas)

el aristócrata venido a menos levanta mucho los pies al andar, como si no quisiera gastar las suelas de sus lustrosos zapatos. lleva un abrigo largo negro, raído por el paso de las polillas y el tiempo, y un sombrero que utiliza para saludar cuando se cruza con algún conocido por la calle. en su cartera, lleva fotos de sus hijas a los diez o doce años, y de su mujer. la familia que una vez fue la suya desapareció un día tras años de adicción a un éxito subido a la cabeza. la contempla con la devoción del enamorado, con los ojos del que lo ha perdido casi todo, pero que aún alberga una pequeña bombilla de futuro en algún sitio de sus sueños. el aristócrata venido a menos se toca el ala de su sombrero al cruzarse con un policía local que está haciendo la ronda. el policía, educadamente, le devuelve el saludo. se ha dado cuenta, señorita? incluso la policía me conoce. la chica que acaba de cruzar la calle se sorprende. se quita uno de los auriculares por los que sale una música estridente. cómo dice? que si se ha dado cuenta, le contesta aquel hombre de bigotes lustrosos y arremolinados. de qué?, contesta ella, con el convencimiento de que se acaba de meter en una conversación de la que no le será fácil salir. de que incluso la policía me saluda, afirma el aristócrata con una sonrisa enorme. ah, sí, contesta ella con un amago de continuar con su camino. sabe? pregunta sin esperar una respuesta. una vez fui un hombre imporntate. se mete la mano en el bolsillo interior del abrigo. mire. la chica no puede sino reprimir educadamente su nerviosismo. aquel hombre está a punto de contarle su vida. a-ha. estas son mi mujer y mis hijas. hace tiempo que he dejado de verlas. las sigo queriendo mucho, pero no tengo mucho tiempo para verlas, continúa aquel hombre. claro, claro, responde la chica, pero tengo un poco de prisa. otro día quedamos y me lo cuenta con calma, de acuerdo? ah, sí, claro, claro. no quisiera incomodarla con mis historias. no se preocupe, no me molesta, es sólo que tengo un poco de prisa. por supuesto, no la entretengo más. otro día la busco. muchas gracias, buenos días. buenos días. la conversación queda como en suspenso, sujetándose por la sonrisa de un hombre con los ojos tristes, que ya busca la complicidad de una chica que llega desde la otra acera.

Elvira: bueno mamá, cuándo vas a empezar a mentir con la edad? yo ya lo hago.
Sofía: bastante trabajo me ha costado llegar hasta aquí, como para empezar a quitarme años.

Leonor Wantling & Rosa María Sardà, a mi madre le gustan las mujeres.

December 17, 2008

peso

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(escuchando Marvin Gaye, let’s get it on)

los días pesaban. desde hacía un tiempo, sentía el peso de los días. suponía que se estaba haciendo viejo. mayor, prefería pensar. porque los mayores no se divierten. o lo hacen cada vez menos. tienen que organizar reuniones para divertirse. y los viejos sí, porque ya no tienen nada que ocultar y el tiempo juega a su favor. contrariamente a la creencia popular, sabía que los viejos tenían todo el tiempo a su favor, mientras que él siempre corría contra el reloj. y casi siempre perdía. así que se estaba haciendo mayor. porque todo aquello que se posponía para cuando tuviera tiempo, terminaba por no hacerse. qué lastima. y tener que correr continuamente era una tarea cansada, por eso pesaban los días. poco a poco perdía el apetito por lo nuevo y por lo viejo. y no le gustaba. pensó todo eso de camino al trabajo, en el autobús. era uno de esos días grises en los que el mundo entero tiene cara de mal humor. buscó alguien que se sintiera bien consigo mismo, alguien cuya expresión no fuera la de qué asco de vida, qué asco de trabajo, qué asco de tiempo. una señora mayor se quejaba en voz alta a su amiga porque un negro le ha quitado el trabajo a mi yerno. fíjate, con lo que lo necesita mi yerno, ahora que se ha comprado el chalet y el coche nuevo. justo detrás de ella, un joven africano perdía todo el respeto por la tercera edad y se quedaba mirando el póster de la parada del autobús. regreso voluntario, infórmate. un hombre de bigote amarillo leía el periódico con desgana y ponía el ritcus de los labios hacia abajo. un niño con mochila, gorro y bufanda, de la mano de su madre, odiaba tener que estar allí, en aquel momento, justo ahora, dándole la mano a su madre. y su madre perdía la miraba a través de la ventana, tal vez soñando con una vida mejor. nadie, absolutamente nadie parecía ser mínimamente feliz. en los auriculares, Marvin Gay comenzó los primeros acordes de let’s get it on. las tres primeras notas de la guitarra le hicieron cerrar los ojos y sonreír. no lo hizo a propósito, no tenía humor para hacerlo a propósito, fue un acto reflejo. subió el volumen y dejó que el cuello mandara sobre el movimiento de su cabeza. una señora con abrigo de piel y el bolso en el pecho, atrapado entre los brazos, le miró pensando esta juventud, no tienen educación ni respeto.

en Italia, en 30 años de dominación de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el renacimiento. en Suiza, hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y qué tenemos? el reloj de cuco. Orson Welles, el tercer hombre.

November 13, 2008

pilotos

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(escuchando marlango, electrical morning)

el viejo relojero salió de su taller y fue a abrir la puerta. bajo la lluvia, esperaba su nieto, impaciente, temblando de frío. al entrar en la tienda, el calor le tranquilizó. no era sólo la temperatura de aquel lugar la que hacía de catalizador de los nervios y el estrés, sino su sonido. el balanceo de los péndulos, el recorrido de las segunderas en los despertadores, el encaje perfecto de los engranajes, y la luz reflejada en las cajas de madera, dibujaban un mapa que calmaba, que transportaba más allá de los años y el trabajo y la velocidad. allí el tiempo, curiosamente, se había detenido. tras un breve saludo, el relojero entró de nuevo en su taller. un minuto, que cojo mis cosas. vale, le contestó su invitado. al salir, el relojero le dio la vuelta al cartel de la puerta y cerró con llave. empezaron a caminar calle abajo y llegaron al ayuntamiento. al entrar, el guarda de seguridad les saludó. qué, don Aurelio, a darle cuerda al tiempo?, le preguntó. incluso el tiempo necesita ayuda para seguir funcionando, le contestó el anciano bajo su frondoso bigote. el guarda sonrió y les abrió una portezuela tras la cual aparecieron una larga ristra de escalones en forma de espiral. subieron los peldaños despacio y llegaron hasta lo alto de la torre. cientos piezas de madera dentada giraban las unas contra las otras hacia delante y hacia atrás. el sonido era el mismo que en la relojería, pero amplificado, enorme. cada segundo retumbaba contra las paredes, multiplicando la sensación de estar en el corazón de la ciudad, en cada uno de sus pálpitos. es impresionante, dijo el joven frotándose las manos para entrar en calor. el relojero sacó una llave inglesa de su bolsa y apretó un par de tuercas. su nieto, lo miraba con una mezcla de fascinación y lástima. abuelo, y no sería más fácil ponerle una maquinaria eléctrica? o con baterías? así no tendrías que venir cada semana hasta aquí. don Aurelio le miró y sonrió. sacó una llave de la bolsa y la introdujo en un pequeño agujero abierto en una placa metálica. aquí es donde late la ciudad, dijo mientras giraba la llave, donde empieza cada mañana y cada noche. estas piezas te dan de comer y de cenar, ponen en marcha las proyecciones de cine y cuentan la duración de las canciones. en serio crees que una máquina lo haría mejor que ellas? el joven le miró sin saber que decir. además, qué sentido tendría mi trabajo?, añadió. pero, tendrías más tiempo para ti, replicó su nieto. el relojero volvió a sonreír. y para qué lo quiero?

la mala noticia es que el tiempo vuela; la buena, que tú eres el piloto. Ben Willis, cashback.

September 11, 2008

experimento

guardado en: por la calle, historias

(escuchando Prince, small club)

en la clase de prácticas atmosféricas, los alumnos se habían dividido en varios grupos. cada grupo debía presentar un proyecto fin de curso que se presentaría ante un tribunal. si el grupo aprobaba, participaría en el concurso de accidentes atmosféricos. y, el ganador entraría se prondría en práctica en un entorno real, al menos, tres veces al año. entre los ejercicios, había de todo: tormentas destructoras, lluvias de galápagos, olas gigantes, huracanes mortales, y demás fenómenos capaces de destruir zonas enteras del planeta Tierra. a pesar de que ser hijos de dioses, al igual que los hijos de los humanos, de lo que más disfrutaban era de jugar a torturar y masacrar poblaciones enteras. en este caso, con el agravante de que los hijos de los dioses no torturaban muñecos articulados, sino a los habitantes del planeta que tenían bajo sus pies. de entre todos los proyectos, había uno que destacaba especialmente. era un ejercicio que suponía una tortura lenta y agónica, sin aparente fecha de caducidad. se trataba de construir una cúpula de agua en estado gaseoso, pero lo suficientemente densa para que cada molécula se sujetara con la anterior, y encerrar en ella a un número indeterminado de terrícolas. las moléculas debían ser casi sólidas, pero adaptables las unas a las otras. de esta manera, al igual que los arcos de las iglesias que habían construido los humanos, se sostenían para formar semicircunferencias que, duplicándolas y situándolas una junto a otra, se obtendría el efecto deseado. el proyecto fue aprobado por el tribunal con matrícula de honor. ganar el concurso fue un puro trámite. la puesta en funcionamiento se llevó a cabo, siguiendo los planos del proyecto, en una pequeña isla del Mediterráneo. el lugar era especialmente adecuado debido a la cantidad de humanos que concetraba durante los meses de verano (lo cual ayudaría a mantener el efecto), su reducido tamaño y su geografía (rodeada por mar). se eligió la segunda semana de septiembre (la primera estaba ocupada con el ganador del curso pasado, cuarenta grados a la sombra), y se puso en práctica. el título, proyecto calima, un método de tortura masiva sin destrucción.

sabes que clase de tiempo tenemos para hoy? calor. Spike Lee, han lo que debas.

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